La fiesta de Halloween es una tradición que ha irrumpido de manera fulminante en nuestro país, al igual que sucedió en todo el mundo. La famosa calabaza de encendido rostro, adornando la casa como un espíritu guasón, se ha convertido en un icono universal. Y como labor de manualidades nos brinda un rato realmente divertido.
Decorar la calabaza es una tarea sencilla, que podemos realizar con los utensilios más normales de cocina: un cuchillo y una cuchara. En las fruterías encontraremos por estas fechas calabazas ya seleccionadas, que tienen la piel brillante y tersa, una simpática forma rechoncha y, cosa muy importante, base plana, para que queden asentadas y no rueden.

Para hacer nuestra primera calabaza de Halloween hemos comprado una de la variedad idónea. Es de la llamada ‘violina’, que tiene la piel lisa y dura, con un esbozo de gajos, como una mandarina.

Los expertos en el tuneo de calabazas aconsejan poner el rostro en el lado más plano del fruto, de modo que la observamos desde arriba para examinar la curvatura.

Tras hacer algunos tanteos en un papel, escogemos la semblanza característica, sencilla y muy resultona. Basta hacer tres triángulos, que serán los ojos y la nariz, y después la boca. Los dibujamos en la calabaza con un rotulador.

El primer paso del vaciado es la retirada de la ‘tapadera’, que debemos seccionar previamente. Utilizamos un cuchillo de hoja fina y dentada, que corta bien y nos permite trazos curvos.

El primer paso del vaciado es la retirada de la ‘tapadera’, que debemos seccionar previamente. Utilizamos un cuchillo de hoja fina y dentada, que corta bien y nos permite trazos curvos.

Retiramos las pepitas, muy apreciadas en la tradición de Halloween, ya que se hace con ellas un sabroso plato típico.

Comenzamos el vaciado del interior, alternando el cuchillo y una cuchara. Esta imagen nos descubre por qué las calabazas tienen ese color tan llamativo cuando se les introduce la vela: la pulpa de la variedad ‘violina’ es de un intenso color naranja brillante

Hemos retirado la pulpa dejando una cavidad suficientemente grande para que la llama de la vela no caliente en exceso las paredes del fruto. Y a continuación comenzamos a abrir los huecos de los ojos y la nariz, desde fuera, siguiendo las líneas marcadas.

Ya hemos abierto los dos ojos. Guardamos la pulpa, de agradable sabor dulce, que servirá para elaborar una tarta, otra simpática tradición de Halloween.

Al hacer la boca incluimos un diente, detalle que da mucho carácter a la figura. Limpiamos con un papel mojado en alcohol los trazos del rotulador con el que marcamos las facciones.

Repasamos los huecos de la cara, igualando y perfilando por dentro. La luz del flash, colocado arriba, revela las prometedoras aptitudes de nuestra calabaza.

Y por fin he aquí nuestro montaje de Halloween. Ahora la calabaza luce por fin su reglamentaria vela en el interior, que hemos completado con dos farolillos de diseño apropiado.